lunes, 17 de enero de 2011

Casas inteligentes, la nueva moda arquitectónica

Sustentable, ecológico, sostenible, palabras repetidas hasta el cansancio y aplicadas a más no poder. Pero lejos de desmerecerlas y desprestigiarlas lo que se procura es difundirlas y plantarlas en el inconsciente colectivo. ¿Por qué? Porque es sin duda la mejor forma de proteger el medio ambiente y garantizar la salud de las generaciones futuras.


En esta lucha desesperada y urgente, la arquitectura es una de las grandes disciplinas que busca aplicar herramientas y técnicas que aporten y no resten al desarrollo social. Es la estructura formal que determina y rige el ciclo de construcción y el emplazamiento de los hogares en el espacio.

Con el objetivo de resguardar los recursos y de comprometerse con la problemática social que aqueja no sólo a la Argentina sino al mundo entero, esta área busca evitar el consumo desmedido de recursos naturales incorporando sistemas de iluminación ecológicos que se valen de la luz solar, vías de ventilación particulares, ciclos de reciclaje y diseños bioclimáticos.

El término sustentable se hace lugar en la arquitectura con el establecimiento de herramientas y prácticas específicas que no hacen magia, pero sí colaboran con la disminución de dióxido de carbono, problema conocido como “huella de carbono”. El desarrollo sostenido se basa en la manipulación de actividades que, en principio, no comprometan en su quehacer las posibilidades de las generaciones futuras de gozar de los mismos recursos que existen actualmente.

Leonardo Lotopolsky, arquitecto y coordinador del posgrado “Diseño Sustentable” de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo, plantea esta nueva movida como el porvenir del desarrollo arquitectónico, práctica ya habitual en los países del primer mundo.

“Cuando se habla de arquitectura sostenible se habla de un concepto que tiene ciertas cuestiones básicas: por un lado el tema ambiental, por otro lo social y por otro lo económico. No es sólo lo que antes se llamaba arquitectura verde o arquitectura bioclimática. Hoy en día el trabajo va más allá”.

Estos tres componentes juegan un papel clave a la hora de evaluar si un proyecto puede enmarcarse en esta categoría, no es sólo una cuestión de voluntarismo ambientalista sino también el balance del aspecto social y económico que permiten que la idea sea viable.

Tecnología y medio ambiente

“Hacer arquitectura sustentable es hacer buena arquitectura y tener muchas consideraciones sobre el emplazamiento de la obra o el edificio. El desarrollo tecnológico sin duda se aplica a este proceso que combina estética, diseño y cuidado medioambiental”, afirmó Lotopolsky.

Sin embargo todo depende de dónde el edificio esté situado, además de temas básicos como asoleamiento y aislamiento del mismo si es que la zona climática lo amerita.

Evitar el gasto excesivo e innecesario de energía es la premisa fundamental y por qué hacer las cosas mal cuando podrían hacerse bien, la pregunta fundamental que exige respuesta.

Cinco grandes ideas

Cualquier enfoque sobre la arquitectura sustentable se desarrolla sobre cinco grandes áreas. En primer lugar el tema del sitio, es decir, cómo el edificio respeta el lugar donde está emplazado; luego el agua y su manejo racional; en tercer lugar, la energía; también los materiales utilizados para construir y su toxicidad; y, por último, la calidad ambiental interior.

Es tan fácil como respirar y sentirse libre y cómodo en un ambiente de diseño novedoso y amistoso con el ecosistema. “Hay que evitar lo que se considera como ´edificios enfermos`, es decir, lugares que funcionan sólo con aire acondicionado central que contribuyen al surgimiento de enfermedades alergénicas”, añadió el arquitecto.

Políticas públicas y privadas se desarrollan con el fin de mejorar las normas existentes y de contribuir al ciclo de vida de los edificios. Consiste, entonces, en patear el tablero y ofrecer un enfoque más amplio al de las escuelas tradicionales que rigieron hasta hace unos años.

“El tema de los paneles solares podría decirse que es uno de los clichés referidos a la arquitectura sustentable. Los paneles solares para ser funcionales tienen que complementarse con la disposición, orientación y aislamiento de la vivienda. Si no se cumplen con estas medidas, los paneles sólo serán un gasto innecesario”, aseguró Lotopolsky.

Legislación vigente


El gobierno de la Ciudad está tratando de imponer leyes y medidas de etiquetado que van ser obligatorias, vinculadas al consumo energético. A su vez, la provincia de Buenos Aires está trabajando en torno al desarrollo de parámetros energéticos medioambientales argentinos.

“Hay mayor interés del sector privado por estos temas siempre, obviamente, viendo cuánto me va a costar. Leyes que surgieron en países de Europa, Estados Unidos o Brasil hacen creer que esto vino para quedarse. Este enfoque va a teñir y modificar la práctica de la arquitectura”, comentó.

Desde lo económico el edificio puede tener un costo inicial mayor, pero el costo de operación y mantenimiento es mucho menor. Son inversiones a futuro que desde el punto de vista de la salud, garantizan “edificios más sanos”, con mejor iluminación, con novedosos sistemas de ventilación.

Se basa, entonces, en pensar a futuro, proyectar más allá de lo inmediato y tratar de garantizar un lugar estable para los hijos de los actuales jóvenes. Todavía se está a tiempo, y si desde la arquitectura puede darse una mano, bienvenida sea.

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